He tenido un sueño (Por: Jordi Palet Martínez - España)

Mi reloj me he despertado antes de lo previsto: ha nevado y la carretera esta peligrosa, y probablemente congestionada. Mi asistente electrónico ya ha puesto en marcha la cafetera y la tostadora. También ha avisado al taxi.

Voy de camino al aeropuerto. Hay un atasco increíble y vamos a tardar cerca de una hora. Por suerte, en el taxi puedo utilizar mi acceso WLAN con accesos de hasta 108 Mbps., para terminar un importante proyecto que he de hacer llegar al cliente esta misma tarde. Estoy suscrito a un servicio que me permite estar siempre conectado, por cualquiera de los medios que la tecnología ofrece: radio, red eléctrica, infrarrojos, etc. Es muy cómodo y flexible; me garantiza seguridad, privacidad y calidad de servicio como ningún otro proveedor antes lo permitía.

Bueno, al fin hemos llegado; no tengo que esperar para el check-in. Como sólo llevo una maleta pequeña, desde el ordenador he confirmado mi reserva. Esta ha sido automáticamente transmitida a mi reloj, PDA o teléfono móvil, y con solo acercarme al dispensador de tarjetas de embarque, soy autentificado y se genera el certificado de la tarjeta de embarque electrónica. Dispositivos de biometría realizaran la comprobación final de seguridad. Si no llevara dispositivos electrónicos (lo cual no es muy habitual hoy en día), se almacena incluso en cualquiera de mis tarjetas de crédito, o bien en la nueva tarjeta de “millas de vuelo”, que ahora es inteligente. Pronto se almacenará en el nuevo carné de identidad digital. Con ella seré identificado automáticamente en la puerta de embarque, e incluso en el propio avión. Por seguridad, el sistema permite saber en que parte del aeropuerto estoy, si me he quedado en tierra, e incluso si me he sentado donde me correspondía.

Sin embargo automáticamente se me informa de que mi equipaje de mano es demasiado grande para un avión tan pequeño, y tengo que facturarlo. No hay problema, nada más fácil: Tiene incorporado un dispositivo con mi certificado personal y se le ha transferido la información de mi vuelo. Así que lo deposito en cualquiera de las cintas que están situadas en varios puntos del aeropuerto. El sistema se encarga de hacerlo llegar al avión, sin errores, y sin posibilidad de que se pierda.

El control de seguridad también es mucho más fácil y rápido, porque de nuevo los diversos dispositivos que llevo conmigo, permiten la verificación del certificado personal y su comprobación mediante biometría.

Con esta automatización del check-in, la espera en el aeropuerto es reducida, pero allí también dispongo de conectividad. En este caso, como necesito cargar la batería del portátil, mi conexión es ahora por la propia red eléctrica. La velocidad es increíble, tengo casi 200 Mbps. Puedo conectarme a la oficina y trabajar como si físicamente estuviera allí. Es una maravilla, desde hace algunos meses, ya no tengo que reconfigurar el ordenador, ni las aplicaciones: es el nuevo servicio de movilidad y aquello pasó a la historia.

Además, con esta velocidad, también puedo descargar la última película de Spielberg, que no he podido ver aún; con el ordenador he visto el programa del vuelo y proyectan un drama que no me apetece nada.

También necesito comprobar que he dejado la casa en condiciones, que he activado la alarma, y revisar que los perros y gatos tienen suficiente agua y comida; para variar, he salido demasiado deprisa, y aún confío mas en lo que puedo ver con mis ojos que en toda la maravillosa tecnología que esta a mi alcance. Sin ningún problema, me conecto al sistema de la casa, con un “click” de ratón, y guío las cámaras para revisarlo todo. Como siempre, todo esta bien. No sé si me había dejado alguna luz encendida, pero una vez mas mi asistente se había ocupado por mí. Las perras están jugando y ladran cuando oyen mi voz; ya están acostumbradas y se quedan tranquilas. Esta nevando de nuevo, y se ha cerrado la cubierta, porque aunque son perros Nórdicos, yo me quedo más tranquilo si están más protegidos.

Estoy esperando una llamada importante y seguro que será durante el vuelo. No importa, por defecto se activa el desvío de mi móvil al ordenador de forma que podré atenderla desde el avión. Por suerte, mi kit manos libres funciona tanto con mi teléfono como con el ordenador o el PDA. Cada vez los periféricos son más universales y autoconfigurables, y por tanto llevo muchos menos "trastos".

En el avión dispongo de nuevo de conectividad, en este caso es un enlace infrarrojo, para evitar las interferencias con los instrumentos de navegación. Pero también tengo una conexión Gigabit, por si necesito más ancho de banda.

En la pantalla aparece un timbre. Ah!, es mi llamada. Es el cliente, me tiene que dar las instrucciones de ultima hora para que el proyecto quede cuadrado. El no sabe que estoy volando, pero como ha llamado a mi oficina, y el sistema ha transferido mi llamada al móvil, al estar apagado, lo ha intentado con el ordenador. El sistema me localiza automáticamente, y decido si la acepto o no. Además, le puedo enviar al cliente, si lo deseo, la información de donde estoy, de forma también automática, o incluso activar la videoconferencia. En esta ocasión no lo voy a hacer, pues voy sin traje y es un cliente muy formal; por eso tampoco he aceptado decirle donde estoy: aún no esta acostumbrado a que el trabajo se le haga desde fuera de la oficina y se pone nervioso.

La calidad de la llamada ha sido impresionante, así el cliente tampoco lo nota. Simultáneamente me ha enviado varios Megabytes de nuevos datos, gráficos y estadísticas. Me lo esta poniendo difícil para entregarle todo terminado esta tarde, pero con este cliente, todo llega siempre a ultima hora. Si no fuera por la versatilidad de las comunicaciones, ¡sería imposible!

Ya hemos aterrizado. Tengo que recuperar el equipaje, y como voy a coger el tren, para ir al centro, lo he confirmado a través del ordenador, y el asistente se ha ocupado de hacerlo llegar hasta la cinta transportadora del propio anden. Así no tengo que cargar con el equipaje dentro del aeropuerto. Al llegar a la cinta, es cuestión de segundos, se verifica mi certificado y aparece la maleta.

En la estación y en el propio tren me ha dado tiempo de recuperar más información y ultimar el informe. Además, al llegar al hotel, necesito algunas notas que ya he mandado imprimir desde el tren, para tenerlas a mano durante la conferencia de mañana.

La verdad es que podía haber participado en la conferencia remotamente, como suelo hacer últimamente, pero habrá mucha gente a la que quiero saludar personalmente, y además, aprovecharé para esquiar durante el fin de semana. No me gusta el deporte "virtual".

Odio perder el tiempo, prefiero aprovecharlo al máximo y así disponer de mucho mas para mi ocio.

No es un sueño, ya esta empezando a ser realidad con IPv6.

No importa la tecnología, sino la libertad y los servicios que esta nos proporciona. IPv6 nos ofrece libertad, movilidad, calidad de vida y seguridad.

Autor: Jordi Palet Martínez (jordi.palet@consulintel.es)

+ CEO/CTO de Consulintel

+ Presidente del Grupo de Trabajo de Educación, Promoción y Relaciones Públicas del Foro IPv6

+ Coordinador técnico de Euro6IX y 6POWER

+ Miembro del IPv6 Task Force Steering Committee